Por una dieta sin excesos

 

 

El planeta se ha convertido en un lugar de obesos; en la actualidad, más que nunca antes, se combinan elementos para que las personas almacenen kilos sobrantes en forma de tejido adiposo. La comodidad de la comida chatarra, la tendencia a permanecer en casa para distraernos, ya sea frente a la pantalla del ordenador o de la televisión, e incluso la escasez de áreas agradables y aconsejables para realizar actividades físicasen algunas de las grandes urbes, son apenas algunas de las causas para que cada vez más personas se resignen a tener una apariencia que realmente no es la que las satisface.

Ahora bien, alguien podría cuestionarme, a sabiendas que muchos manjares de alta cocina, aunque no incluyan ingredientes nocivos a la salud como la comida rápida, sí poseen un contenido alto de calorías que, a la postre, también van a parar a la grasa abdominal. De hecho, los placeres de una experiencia gourmet son tan intensos, que muchos prefieren declararse gordos pues no podrían renunciar a su churrasco con puré de papas a la mantequilla y a su trozo de torta tres leches.

Si yo sugiriese a las personas que abandonasen los goces de la buena mesa estaría en pugna con la razón de ser de mi profesión. Precisamente por el culto al buen comer, defiendo la idea de no renunciar a ellos. La mayoría de las personas visitan un restaurante de su gusto no más de una vez a la semana. Entonces… ¿va usted a culpar a su pizza del fin de semana de su malestar ante la báscula o a todas sus ingestas diarias de salchichas en salsa de tomate con arroz blanco y potes de helado, comidas fritas y dulces baratos? No sienta culpa por mimar a su paladar de cuando en cuando, solo reflexione si no será mejor para usted cambiar sus malos hábitos alimentarios antes que privarse de las sensaciones de un exquisito ágape ocasional.

Una vez más nos ayudan las matemáticas, si usted hace cinco ingestas diarias (incluyendo meriendas por supuesto), sumarían treintaicinco comidas a la semana; si una de éstas usted la hace en su restaurante predilecto, ¿qué pesa más?, ¿una copiosa cena por todo lo alto o treintaicuatro pecaminosos atracones de excesos de carbohidratos en innecesarios entrepanes y arroces?

Las personas sensatas cuidan su salud, los diabéticos buscan mantenerse estables y conocen los alimentos que necesitan para estar compensados; aquellos con alguna dolencia del corazón saben y se informan de lo que deben hacer o no, las actividades y comidas que deben evitar. Entonces, si usted conoce que tiene tendencia a la obesidad, o ya es obeso, ¿por qué darle la espalda a esta realidad?, ¿acaso resuelve nuestros problemas sentirnos mal con nosotros mismos ante el espejo? Aprendamos de aquellos que padecen dolencias como las que mencioné anteriormente y sin embargo mantienen una actitud responsable cuidando de su salud con una dieta adecuada. No busque más culpables y comience a informarse de nutrición y a realizar ejercicio físico. Cuando sienta el bienestar que proporcionan estos hábitos y note como se reduce su cintura, ya estará listo para disfrutar el domingo su plato de pasta favorito regado con un buen Chianti.

 

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One Comment en “Por una dieta sin excesos”

  1. abril 16, 2012 a 7:44 pm #

    Así mismo es.

    Lo que engorda no es lo que comes de Navidad a Año Nuevo sino de Año Nuevo a Navidad.

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